Química verde flúo
Se trata de la Proteína Verde Fluorescente, identificada en un tipo de medusa. Tras aislar el gen, aplicaron la fluorescencia a la investigación, por ejemplo, del desarrollo de metástasis.

El investigador, en su laboratorio, sigue con certeza el itinerario de una célula cancerosa, que ya no puede pasar inadvertida porque tiene un brillo especial, y así determina cuándo y cómo produce metástasis. El ejemplo es sólo uno de entre la infinidad de aplicaciones de la Proteína Verde Fluorescente (GFP), cuyo uso tardó menos de 15 años en hacerse imprescindible en miles de laboratorios científicos. El japonés Osamu Shimomura –que la descubrió–, el norteamericano Martin Chalfie –que avizoró sus aplicaciones– y el también norteamericano Roger Tsien –que la perfeccionó– obtuvieron ayer el Premio Nobel de Química.
Además, la GFP permitió desarrollar chanchos fluorescentes. Pero eso viene al final. En la década de 1960, el investigador japonés Osamu Shimomura se interesó en una aguaviva, una medusa del Pacífico norte llamada aequorea victoria, que tiene la propiedad de ser fluorescente: bajo la luz azul o la ultravioleta, ante estímulos como el contacto físico o el movimiento de las aguas, responde con un brillo de color verde, probablemente para espantar a sus predadores. Shimomura aisló la proteína causante de ese fenómeno, hoy llamada Proteína Verde Fluorescente (GFP).
fte: pagina12.com.ar


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